Moisés Barrios (1946) nació en San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, situada a 250 kilómetros de la ciudad de Guatemala. La mirada de la distancia, entre el asombro y la fascinación que producen las cosas que se ven por primera vez a los 21 años -como el encuentro con el mar- ha marcado una vasta producción que el artista desarrolla desde los ochenta y que abarca la pintura, la fotografía, el grabado, y la acuarela.
Con estudios de grabado en la Academia de San Fernando en Madrid y con una larga experiencia en el diseño gráfico, su obra tiene una constante visualidad que remite al lenguaje del cartel publicitario americano. En sus obras se mezclan referentes de su propio contexto histórico con un amplio bagaje de la cultura y la historia del arte occidental.
En los últimos años, la fotografía ha sido materia prima para sus reflexiones estéticas, como detonador pictórico y parodia del realismo. Muchas de sus pinturas están basadas en fotografías que fueron tomadas hace veinte años, como apuntes durante sus búsquedas de imágenes pictóricas. Estas fotografías son imágenes que evidencian los matices del fotógrafo no profesional pero que resumen la deuda que tuvo la fotografía por tantos años con la pintura.
En 1997, Moisés Barrios inició una investigación iconográfica sobre el tema histórico de las bananeras, lo cual abordó a través de una serie de parodias de los anuncios impresos por la multinacional de ropa americana "Banana Republic", la cual, desde sus orígenes, hizo alusión a un tipo de vestimenta utilizados por los colonizadores y los amantes de los safaris. Desde una perspectiva poscolonial, la obra de Barrios toma estos modelos y reelabora el tema añadiendo un tono irónico, donde pone a funcionar el derecho de apropiarse y devolver con un nuevo significado aquello que fue elaborado a partir de la mirada del dominio.
Este proceso de toma y devolución simbólica ya había sido anunciado a través de su proyecto de ficción titulado Café Malinowski , una serie de fotografías de pequeñas escenografías elaboradas en su estudio. Tomadas en 1998, estas escenografías fueron un ejercicio similar a las composiciones clásicas de los bodegones y vanitas, con las cuales pintores y fotógrafos han buscado construir mensajes morales a través de la unión de objetos con significados precisos o alegóricos. Con gran sentido del humor, Café Malinowski se adentra en el personaje del antropólogo inglés Bronislaw Malinowski y se sumerge en todas las posibles ideas que conformaron la antropología moderna pero aplicadas al mundo del arte a partir de la antropofagia cultural, el tema cumbre desarrollado en la obra del brasileño Oswald de Andrade o la melancolía por lo que no se ha vivido, lo que no ha de volver, según lo presenta magistralmente Lèvi-Strauss en su obra Tristes trópicos.
En años más recientes, el trabajo de Moisés Barrios se aproxima a la revisión de las formas de inserción y comprensión de la modernidad en la historia reciente de la sociedad guatemalteca. Este período, iniciado en 2004, implica el reconocimiento de vestigios arquitectónicos, industriales y estructurales presentes en la costa del litoral del Pacífico, donde a principios del siglo XX se construyeron los puertos más importantes del país y se vislumbró la entrada comercial que uniría a Guatemala con el mundo.
A través de esa temática, Moisés Barrios retoma el género del paisaje tradicional pero investido de ironías y cualidades que defraudan todos los estereotipos de la tropicalidad, a través de una paleta restringida de colores o haciendo alusión a la misma construcción de los clichés sobre lo que supuestamente nos corresponde, como habitantes del trópico y de esas repúblicas bananeras transformadas en metáforas de la imposibilidad y el fracaso. Su encuentro con la cultura de la costa se transformó en un espacio desde donde Barrios encontró los más importantes eslabones que unen a la sociedad guatemalteca con sus deseos de modernización y su designio de caos y fracaso.
En ese sentido, surgió el proyecto pictórico titulado La Ilustración del Pacifico , que el artista inició a partir de su interés por una vieja publicación impresa en Guatemala en 1897, y que tenía como objetivo circular como una revista cultural y comercial. La novedad del impreso era la presentación de ilustraciones realizadas en fotograbados y su circulación por las ciudades y capitales latinoamericanas del Pacifico. Su objetivo era mostrar las bellezas naturales y los logros del ansiado progreso en la industria. Como un faro de la modernidad neoclásica, esta revista, llamada La ilustración del Pacífico, incluía fotograbados que mostraban la nueva arquitectura local y su tendencia a imitar las ciudades europeas y, especialmente, todo aquello que reflejara la cultura francesa que provenía del espíritu de la Ilustración. Con el objetivo de animar una sociedad moderna, la revista se centraba en esta visión y se apoyaba en el auge de la producción agrícola, en el capital invertido en el café y las plantaciones bananeras. La Ilustración del Pacífico era un documento que estimulaba el sueño de una revolución industrial que nunca se dio.
El artista se deja sorprender por imágenes de una realidad antagónica con el sueño de progreso: los puertos de San José, Iztapa, Ocós, Champerico o La Libertad en El Salvador, de los cuales sólo quedan recuerdos, muelles corroídos y chatarra, y que emergen como metáforas del deterioro y de un estado fallido.
Con el carácter que define a la poesía haiku, Moisés Barrios se aproxima a las paradojas que encierra el paisaje tropical, el transcurrir del tiempo y de sus habitantes. Todo a partir del instante fotográfico, y trascendido a través de la pintura.
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