Banana Republic usamos para llamar a las cosas de pronto adquieren un significado distinto y llegan a evocar incluso lo opuesto de aquello para lo que fueron creados.
algún día una cierta placidez, un esmerado descuido, muy deseable en ropa de algodón que se arruga airosamente y compran miles de personas?
cuyo gobierno no hace más que un cuarto de siglo usaba los escasos tres helicópteros que poseía el ejército para llevarse a los generales y a sus acompañantes desde los mejores burdeles hasta el puerto. Un país en donde los diputados procuran aprobar una ley para aumentarse de manera automática el sueldo cada año o en donde el Presidente elige a voluntad la melodía con la cual habrá de ser recibido en cada ceremonia oficial. Y algún oficioso partidario convierte la canción en una especie de himno referencial, cuya tonada escuchan los ciudadanos en no pocas dependencias estatales mientras esperan a ser atendidos por teléfono.
de avanzar al ritmo de La Granadera, escogió una polka, El Barrilito, para hacerse acompañar en los actos oficiales.
sembrar matas de banano junto a la línea férrea de Costa Rica. El resto es historia. El emporio creció a lo largo de la toda la costa atlántica de Centroamérica y no hubo pequeña nación del área que no sucumbiera a su poder, ni se dejara gobernar por los designios de sus poderosos amos. El banano rigió buena parte de la economía y la política y La Compañía, como La Embajada, pronto descubrieron en estas tierras la materia prima perfecta para reunir varios países en una sola gran finca.
desentendidos para evitar la vergüenza.
rubor, ni un gramo de autocomplacencia. Hay mucha diversión en cambio. Hay un reflejo alegre, desapercibido, de lo que supone saberse ciudadano de una República Bananera.
marco más elegante, o los soldaditos de verde camuflage que asaltan la fruta, hay siempre un profundo sentido de la ironía. Capacidad de reírnos de nosotros mismos, que no es otra cosa. Eso hay en esta pintura.
tenemos piel de banano en esta historia. Sin embargo, nadie se merece más esa cáscara amarilla e impura que los dinosaurios que nos gobiernan o los aviones supermodernos del imperio que a cada cuanto nos sobrevuelan.
campesinado levanta la nueva cosecha. |